Persigue tus sueños (pero con moderación)

Podría decirse que llevo media vida perdido. He dado tumbos aprovechando cualquier oportunidad que he tenido, así como disfrutar de esos momentos en los que el miedo y otras limitaciones personales no han hecho acto de presencia para amargarme la existencia. Pero es curioso, porque todo ello me ha llevado a perseguir mis sueños.

Y es que algo que he acabado aprendiendo en esta vida es que nada es para siempre y que los sueños, se cumplan o no, pueden cambiar. Esto significa muchas cosas; como, por ejemplo, que quizás intentes alcanzar tus metas, pongas todo tu sudor y corazón en ello para que, una vez obtenidas, sientas que no es suficiente. Sientes que no es lo que querías.

¿Frustrante, verdad? No sé por qué siempre he pensado que una vez alcanzado un sueño, una meta o un objetivo, no tenía sentido seguir luchando por volverlo alcanzar. Para qué esforzarse tanto para ganar de nuevo una Champions o un Roland Garros. ¿Pero qué es lo que motiva tanto a los deportistas a repetir una y otra vez el mismo proceso?

Otra cosa sería hablar de unas oposiciones, que se aprueban una vez en la vida; sacarse una carrera, subir el Everest (aunque haya valientes que lo repitan) e incluso tener el primer hijo. Hay cosas irrepetibles, las disfrutas una vez y te marcan para toda la vida. ¿Y luego qué?

Sí, sí, no pretendo ser pesimista. Solo quiero reflexionar sobre el hecho de que a veces perseguimos los sueños de una manera tan insistente y única que nos olvidamos de disfrutar todo lo demás. Y al hacer esto el universo nos enseña que no todo son lograr los sueños, ya sea a través de la pérdida o el dolor.

Vivir el presente

Si hay algo que me está destacando estos últimos años es que me planteo todo como objetivos y sub-objetivos. Me hago listas de qué cosas debo hacer y cómo debo hacerlo para conseguirlo, lo que desencadena que toda mi rutina y vida diaria se centre en seguir un gran plan para lograr mi objetivo: ser novelista. 

Es un sueño totalmente válido y encomiable. Nadie me dirá que no tiene sentido luchar por ello. Pero lo que nadie me avisó es que si me centraba demasiado en ese sueño futuro no disfrutaría del presente. Y eso significa, en definitiva, que no disfrutaría de las pequeñas dosis de felicidad que da la familia, la pareja, la mascota y las aficiones en general.

Cuando alcanzas tu objetivo, o ves que estás en el camino correcto y miras hacia atrás, comienzas a percatarte de estos detalles que pasaron tan inadvertidamente frente a tus ojos. Os puedo prometer que me arrepiento de no hacer ciertas cosas, de hacerlas y también de mi actitud en algunos momentos de la vida. Pero de todo se aprende.

Y es que quiero decir bien claro y en voz alta que los sueños no lo son todo en la vida. No sirve de nada alcanzar tus sueños si luego no tienes a nadie a tu lado para disfrutarlo y con quién celebrarlo por el simple hecho de que lo has considerado prescindible en tu dura subida a la escalera del éxito.

Un sueño realizado, pero vacío

Imagina que se te da la opción de conseguir aquello por lo que has soñado tanto de tres maneras:

  1. Lo más rápido posible, pero debes sacrificar todas tus relaciones sociales y todo lo que amas.
  2. De forma lenta, pero difícil y tortuosa. Deberás dejar algunas cosas atrás, como aficiones y relaciones.
  3. No sabrás cuándo lo conseguirás, pero sí sabes que tienes a tu alrededor a personas que te quieren y te apoyan.

¿Con cuál te quedas? ¿De verdad merece la pena dejar atrás ciertas cosas? ¿Cuáles son? ¿Has visualizado realmente cómo sería vivir sin ellas? ¿Tanto vale tu sueño como para dar de lado a la persona a la que amas? ¿Amigos? ¿Familia?

Y es que ahora uno de mis mayores miedos es que mi sueño se sienta vacío. Me encantaría ser escritor, voy a luchar por ello, pero no quiero ver que lo he logrado y observar alrededor para no encontrar a nadie, ni sus miradas, ni sus sonrisas ni sus caricias. Sí, me sentiré un triunfador, pero esa sensación no durará eternamente.

Podría pensar que entonces no era mi sueño real, que mi sueño debería hacerme plenamente feliz independiente de lo demás. Que iluso soy pensando en ello, porque no es así. Y es que una vez alcanzas un sueño, aparece otro más grande al que quieres aspirar. Te has centrado tanto en los objetivos que no eres capaz de disfrutar de la plenitud del presente.

Una metáfora para ilustrar

No estamos muy lejos de colonizar Marte, o eso quiero creer. Imagina que por casualidades de la vida es tu sueño, te dicen que tras un proceso algo arduo y complicado serás uno de los primeros en alcanzar el planeta rojo. Pero, por otro lado, te dicen que no hay vuelta atrás. Y es que en los sueños no suele haber vuelta atrás.

A Marte no te puedes llevar nada más que tu propia motivación y voluntad, dejando todos los vínculos que te atan a la Tierra. Familia, pareja, mascota, amigos, aficiones, experiencias, sensaciones, emociones, amor. ¿De verdad merece la pena hacer el viaje a Marte? ¿De verdad merece haber sacrificado todo ello por el camino?

¡Ni siquiera te aseguran tu propia supervivencia! Vale que serás uno de los primeros seres humanos en pisarlo, pero no podrás compartir ese momento con nadie que te haya acompañado en la vida hasta ese punto, hasta ese exacto momento.

Harás historia, pero no te darás cuenta del precio que has pagado hasta haber pisado tierra roja.

¿Entonces no perseguimos nuestros sueños?

No, tampoco es eso. El ser humano necesita un sueño, una meta o un objetivo en la vida. La vida no te va a proveer de ese elemento, entendiendo que se trata de un sueño relacionado con la autorrealización personal. Lo que te quiero decir es que persigas tus sueños de forma moderada.

Y es que a veces es demasiado tarde para darse cuenta de lo que uno pierde por el camino hacia Marte, ya que hay puntos de no retorno en esta vida. Y lamentablemente siempre los veremos de forma posterior. Así que toca aprender de estas duras lecciones que nos propone la vida con tal de alcanzar eso por lo que tanto estamos luchando.

Disfruta de la vida, de los pequeños momentos y de las magníficas personas que tienen alrededor. Cierra el libro, el ordenador o lo que sea para reflexionar. Y es que la pregunta clave en este punto es: ¿si no llegara a cumplir mi sueño, sería feliz?

Está claro que cada persona es una circunstancia distinta, pero en mi caso yo diría que sí. Que sería feliz con lo que tengo y con las personas de mi alrededor. Aunque he estado tanto tiempo cegado por ese sueño que no he sabido apreciarlo hasta hace relativamente poco. Ha tenido que aparecer la pérdida para dar un toque de atención.

Solo tenemos una vida, y esta vida puede tener muchos sueños. Lucha por ellos, pero que no te impidan ser feliz. 

Gracias por tu tiempo.