¿Cómo redactar tu primer artículo de prueba?

No hay muchas personas que de bien pequeñas piensen en su futuro y sueñen con ser redactores digitales. Periodistas, sí. Novelistas, también. Pero eso de decir “quiero escribir nichos de incubadoras para pollos” pues como que no es posible. No sé, sería muy raro que ocurriese, y en todo caso recomendaría un poco de terapia.

A lo que vengo, que es a lo del título. Claramente un artículo de relleno para que veáis que seguimos vivitos y coleando, pero que creo que en cierta manera podrá ayudar a aquellas personas que tienen ciertas dotes con las palabras y piensan en emprender la redacción de contenidos.

El comienzo, la gran prueba

Todo comenzó con que me encanta escribir, me encanta inventarme historias de fantasía y ciencia ficción, la magia y todas esos elementos que son imposibles de encontrar en la realidad. A partir de un proceso creativo de historias interactivas, acabó surgiendo la oportunidad de vivir de la escritura.

¡Vivir de la escritura! Bueno, no lo digo muy alto porque aún está la cosa ahí ahí. Pero bueno, ya era un paso. Primero alimentar al papá estado con la cuota y lo que me quede quizás me de para unas 100 cheeseburgers. Oye, que aunque no lo parezca, he tenido cierto éxito.

¿Pero cómo comenzó todo? Pues básicamente Miguel, un buen colega, me pasó el anuncio de una agencia de contenidos que buscaba redactores. “Prueba, a ver qué tal” me dijo, “que tu escribes de puta madre”. Claro, a mi los halagos siempre me seducen, y pensé que era una buena posibilidad para sacarme unos centimillos.

Sobra decir que ni de coña se me pasó por la cabeza dedicarme a esto. Una carrera y tres posgrados super guapos para acabar haciendo algo diferente a ello. Pero si me acuerdo de esto, más adelante lo desarrollo.

Me puse en contacto con la agencia y les expliqué un poco mi experiencia con la redacción: haber escrito varios artículos para una tienda conocida y un par de novelas, pero eso de posicionamiento, el SEO y hasta los encabezados me sonaban a chino. Aún así, me dieron la oportunidad.

No tardaron en responderme, ofreciéndome una prueba gratuita para demostrar mi valía. Me daba igual que no fuera remunerado, al menos sabría a qué nivel estaba. Total, que me dieron un tema a desarrollar, nada del otro mundo: cinco carreras de obstáculos para deportistas.

Ni idea del tema, así que improvisé

Comencé a buscar por internet sobre el tema y, la verdad, es que me quedaba igual. Un montón de competiciones de todo tipo que me dejaron frío y confuso. Vamos, que el tema no era complicado, pero en ese momento aprendí que si necesitaba conseguir información, debía buscarla mejor.

Pero luego se me ocurrió que este artículo era una prueba, no era algo que fueran a publicitar ni nada. Lo que querían ver era mi capacidad de redacción, mi creatividad y mi facilidad con encadenar palabras. ¿Por qué no salirse del marco?

Y eso hice. Me lancé a la piscina en plancha, esperando que esta ingeniosa idea funcionara. Es que ni siquiera busqué más información, simplemente dejé que mi genio de escritor desarrollara el artículo.

Mi primer artículo

Sería triste tener que explicar mi primera artículo sin ni siquiera mostrarlo, así que aquí lo tenéis:

Cinco carreras de obstáculos para deportistas poco mainstreams

¿Pensando en buscar nuevos retos, runner? ¿Te motiva ver todos esos posturetis  de Instagram metiéndose en el barro? ¿Pero dices que quieres algo alternativo? ¿Muy, muy alternativo? ¡Déjamelo a mí!

Porque la Spartan Race, el Grand Prix y el humor amarillo están sobrevaloradas cuando descubres cuáles son las mejores carreras de obstáculos a tu alrededor. Porque lo de comer fango te va a saber a poco. Aquí os dejo con cinco que os van a poner los pelos como escarpias, y que sin ninguna duda fallareis incontables veces antes de poder superarlas.

  1. La contrarreloj del Carrefour

Cinco minutos antes del cierre del supermercado, en tus manos un pescado más vivo que muerto y el rumor lejano de otros clientes amontonándose en las cajas de cobro. Consta de correr esquivando los charcos pestilentes de la sección de congelados; cruzar el pasillo de la frutería ladeándote,  además de aguantar la insistente petición de la anciana de turno para que le vayas a pesar los plátanos con sonrisa desdentada. Bajar la mirada cuando entras en la zona íntima femenina, para que nadie sospeche de tus peculiares gustos; finalmente alzar la cabeza como un suricato en busca de la caja más vacía, que con toda probabilidad haya una clienta con un carro repleto de trastos innecesarios, con ganas de discutir descuentos caducados y un niño llorón. Y, por supuesto, no nos olvidemos de que una vez superado este último obstáculo, cuando lleves las manos repletas de bolsas, te salte el simpatiquete de turno que quiere que te apuntes a su ONG. Fantástica carrera, sin lugar a dudas.

  1. La Black Friday versión mal

Porque no es en el Media Markt, es en el mercadillo de tu ciudad. Ese aroma a medievo, esos vendedores ofreciendo sus mejores bragas a grito pelado, el alboroto de los animales enjaulados que los niños miran con obscena curiosidad y una mano siempre encima de tu bolso o cartera. Si estás dispuesto a hundir tus rodillas en charcos de barro y trepar por cuerdas para hacerte la foto de postureo de turno, en esta carrera de obstáculos igual acabas sin móvil y sin dignidad. Quizás no tengas que comprar nada, ¿pero para qué dar un rodeo cuando puedes cruzar por ese lugar de caos y calor humano para poner a prueba tus dotes acrobáticas?

  1. La carrera pipi-can nocturna

Y no se trata de llevar al perro a pasear a media noche, sino de evitarlo mientras tú vas a tientas para soltar tu chorrito de orín sin querer despertar a nadie en plena madrugada. Te olfatea, te ve venir; puede que sea un  perro inocentón o un troll de cuidado, pero siempre estará dispuesto a interponerse por un poco de casito o algo que llevarse a la boca. Escucharás sus zarpas chasquear en el frío suelo, y en cuanto te descuides, la mano para sujetarte la manguera estará empapada de babas, o pelo. No puedes correr, pues lo considerará un juego y será peor. No puedes darle órdenes en voz alta, o los demás, humanos o mascotas, sabrán de tus necesidades biológicas; ¡tampoco puedes mearte encima del perro, guarro!

  1. La San Silvestre Stallone

Sales del curro con tu mochila del gimnasio, entras en él, te cambias y asomas la cabeza en la sala de mancuernas: los aromas de sudorosos dioses del olimpo se entremezclan con el de los batidos proteicos, bajo el ritmo de una música que podría sonar en cualquier discoteca de Magaluf. No tienes tiempo que perder, y una rutina que cumplir, así que vas a superar a los cachitas que saborean sus abdominales de escándalo en el espejo, a las instagrameras que ocupan las máquinas con un peso minúsculo, al motivado de turno que hace “superseries” y al típico bodybuilder de rostro agrio  y con raíces del este de Europa que te va a echar miraditas mal interpretables, seas del género que seas. Y todo para quemar esas pizzas aceitosas del fin de semana. Igual ahora la hawaiana te parece una mejor opción…

  1. Cien metros ofendiditos

Puedes creer que las carreras anteriores eran arduas y complicadas, pero ésta se lleva la palma. Porque no la corres con tu cuerpo, sino con tu mente; vas a tener que utilizar toda tu astucia para evitar cualquier palabra, gesto o comportamiento que haga estallar a todas esas personas con el síndrome de la piel fina. Vas a tener que guardarte todos esos comentarios ingeniosos y chistes de humor negro para soltarlos con los colegas, fuera de contexto y sin la chispa de antes. Y ya ni hablemos de las redes sociales, territorio comanche donde pueden rescatarte cualquier idiotez que tu yo ebrio haya escrito, así que los obstáculos incluso te aparecen de manera retroactiva.

BONUS TRACK FEMENINO: Despacito Extreme Race

¿Mujer, con vestido ajustado, el paladar seco y una montaña de cuerpos entre tú y la barra de la discoteca? ¡No se diga más! Un reto que no todas se atreven a correr, con obstáculos tan pintorescos como maravillosos: un repertorio de paquetes variados acompañados por frases tan sucias como primitivas; miradas fuera de lugar intentando encontrar el fondo de tu escote, o manos ágiles en busca de una curva de tu cuerpo donde asirse. Pero un buen gin-tonic bien merece la pena todos estos esfuerzos, y si además tienes que cachetear a algún idiota por el camino, la anécdota que te ganas para toda la noche. Una vez conseguida esa refrescante copa que tanto te cuesta coger con ambas manos, toca el camino de vuelta: codazos, sorbos rápidos, zancadillas involuntarias y ráfagas de luces cegadores acribillándote la cara. Date por satisfecha si al volver con tus amigas no te quedan solo los hielos en tu bebida.

¿Os esperabais algo serio de mí? ¿Acaso no hay nada más duro que la vida, que nos ofrece un gran repertorio de territorios donde demostrar a nosotros, y a los demás, nuestros hercúleos esfuerzos por superar todas las piedras en nuestro camino?

Valiente, sal a la calle, despégate de la pantalla de tu móvil y mira a tu alrededor: aquí es donde comienza tu carrera de obstáculos personal, solo tienes que dejar de evitarlos y afrontarlos de una puñetera vez.

¿Qué cambiaría ahora del artículo?

Espero que os haya gustado, ya que lo considero bastante original (y no es por echarme flores). Pero claro, como prueba creativa está muy bien, aunque quizás flaquee mi experiencia para redactar artículos enfocados a internet. 

Es por eso que, si en ese momento contase con mi experiencia actual, cambiaría los párrafos para que fueran de un máximo de 3 o 4 líneas, lo que facilita la lectura tanto en ordenador como en móvil. También el uso de encabezados, ya que usaba negritas como en los trabajos de sexto de primaria.

Pero por lo demás nada. Es un artículo sólido, divertido y que demuestra mi capacidad creativa. Bueno, sí: revisad las puñeteras faltas de ortografía y gramaticales dos o tres veces, porque a veces se nos escapan barbaridades. Y seguro que en el texto previo hay alguna que otra. Y probablemente en este también.

¿El resultado de mi primer artículo de prueba?

Me cogieron. Fue una sorpresa, la verdad, porque no lo creía. Primero comenzaron aportando toda la formación que se necesitaba para redactar SEO y contenidos de una forma más óptima, que se traduce en pasarte un par de documentos pdf con muchas cosas que tener en cuenta.

Y cuando ya me sentía más o menos confiado, me lanzaron mis primeros artículos. Sencillitos, de 500 palabras y temática básica, pero que me permitieron coger cómo funcionaba este mundo. Me hice autónomo, pago religiosamente mi cuota y lo que me queda pues para más cheeseburgers.

La moraleja que dije que desarrollaría

Mirando ahora este texto y esta experiencia con perspectiva, me puedo sentir orgulloso. Se me brindó una oportunidad para demostrar de lo que soy capaz, algo que suele escasear bastante, y lo que se le ocurrió a mi mente perturbada fue una genialidad.

Luego sí, ya tuve que escribir con un tono más serio, incluso moderándome a veces por utilizar un lenguaje algo mordaz. Pero oye, ya empecé a ver los primeros billetes y no me importaba. Al principio no era demasiado, pero en la actualidad ya puedo comenzar a sentirme orgulloso de mi facturación.

En lo que respecta a la moraleja: una carrera y tres postgrados. Trabajando de algo que no tenía nada que ver. Ya os podéis imaginar dónde estaba mi autoestima. Pero ahí no se acaba la historia, porque esta oportunidad me hizo ver que era bueno creando, que era bueno con las palabras.

Quiero ser novelista, eso lo tengo clarísimo. Quiero escribir sobre lo que disfruto, lo que me encanta y en lo que me pasaría horas tecleando compulsivamente, con el buche seco y alimentándome de barritas de energía. Pero también necesitaba sacarme esta espinita, la de tener un trabajo que me hubiese ganado con esfuerzo y trabajo duro.

Y recordé como hace ya más de 10 años unos profesores me dijeron que siguiese escribiendo, que no lo dejase. Tonto de mí por no escucharles y tratar de elegir otros caminos. A los más jóvenes: escucharles, que os orienten. Ellos conocen vuestros talentos y vuestras mejores facetas. Aprovechadlos para que os guíen.

Lo que en resumen quiero decir es que en la vida hay que ser valiente, hay que ser tú mismo. Si tienes un talento, aprovéchalo. Y pese a que los azares del destino te hayan zarandeado bruscamente, es muy probable que tarde o temprano encuentres el camino correcto.

Así que si tenéis que redactar vuestro primer artículo de prueba para un cliente o agencia, y no tenéis experiencia, comenzad siendo originales. Dejad que las palabras fluyan por vuestras páginas en blanco, que si el que lo recibe es inteligente ya sabrá como domar toda la creatividad contenida en vuestro interior.

Gracias por vuestro tiempo.