Coaching en tiempos de coronavirus

Nadie apostaría hace un mes que ahora estaríamos como estamos. Y es que con la crisis sanitaria que estamos viviendo, todos nuestros hábitos y rutinas han cambiado por completo. Y es que las limitaciones que sufrimos tienen una muy buena razón que ya todos sabemos.

Quizás algunas personas lleven mejor lo del confinamiento, mientras otras ya están desesperaditas por salir a la calle. Existen muchos factores que influyen en esto, comenzando por la personalidad de cada uno; aunque a eso debemos sumarle el espacio donde vivimos, la convivencia y la forma de entretenimiento.

Para echar una mano a aquellas personas que comienzan a estar en una situación límite, como haber completado todos los puzzles de casa o haberse quedado sin levadura para más bizcochos, desde SEOldados os ofrecemos un poco de guía para llevar mejor toda este momento.

Y es que el coaching es una gran herramienta de análisis y de acción, por lo que ahora más que nunca, con todo el tiempo que tenemos por delante, nos permitirá enfocar el presente y el futuro para no acabar locos de remate.

No se trata de decir qué hacer y qué no, ya que no funciona así. Solo procuraremos realizar las preguntas adecuadas para que vosotros mismos reflexionéis sobre cómo ocupar vuestro tiempo sin sentiros un saco de patatas, tumbado todo el día en el sofá.

Análisis de la situación, la primera etapa

Lo primero que hay que tener claro es saber qué está ocurriendo, cuál es nuestra situación real en este momento y cómo nos está afectando. Y este es el punto clave que hay que trabajar para desarrollar el resto de pasos.

Podemos establecer un marco general para todos, que sería tal que así: estamos confinados y podemos realizar salidas a la calle de forma puntual y por razones muy específicas y cuando lo hacemos, hay que protegerse muy bien.

Ahora bien, a partir de aquí las particularidades de cada uno generarán una situación distinta. Por lo que es esencial realizarse las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo es el espacio de confinamiento donde vivo?
  • ¿Con qué personas estoy conviviendo? ¿Cómo es la relación?
  • ¿Qué actividades o aficiones he dejado de hacer? ¿Y cuáles he comenzado a realizar?
  • ¿Qué he hecho hasta ahora para sobrellevar la situación?
  • ¿Cómo es mi rutina diaria (si es que se tiene)?
  • ¿Cómo me siento? ¿Qué sentimientos y emociones identificas a lo largo del día?

Si respondes a estas preguntas, lograrás crear un mapa general de tu situación actual. Trata de enfocarte tanto en los aspectos positivos como en los negativos, ya que por lo general son estos últimos los que tienen más peso. Aun así, los primeros nos ayudarán.

Sé sincero con las respuestas, tómate tu tiempo para responder; incluso puedes escribirlas, ya que te permitirá realizar un análisis más sesudo y revisarlo todo con posterioridad. 

Un ejemplo para ilustrar

Antonio le ha pillado el confinamiento solo en casa, con su gato Mofletones. No es un piso grande, pero tiene espacio suficiente como para que los dos convivan sin discusiones. Es más, tiene una habitación que le sirve de despacho. 

Antonio hacía su horita al día en el gimnasio, tenía su horario laboral solo de mañanas y el resto del día se pasaba viendo series en la tele. Ahora, con la situación actual, de gimnasio poco, de trabajo menos y se pasa todo el día tumbado en el sofá.

Se despierta a la hora que le apetece, desayuna (o casi ya come), se vuelve a echar en el sofá mientras ve un documental aburrido en La 2 y por la tarde se vuelve a poner el capítulo que no vio anoche. Vamos, una rutina bastante monótona y aburrida.

Pero Antonio ya se ha visto todo Netflix y media HBO, por lo que está decidido en que debe hacer otra cosa. Se siente físicamente mal, ya que el cuerpo le pide zumba, y el aislamiento social le está afectando en el ánimo.

Establecimiento de objetivo, nuestra verdadera meta

A ver, es más que probablemente que nuestro objetivo sea salir de esta lo antes posible; pero no está en nuestro poder que todo vuelva a la normalidad. Por ello toca establecer objetivos realistas y que se puedan conseguir en un plazo corto de tiempo.

Estas metas tienen que ser detalladas, factibles y que nos ofrezcan una recompensa emocional adecuada para que nos sintamos mejor. 

Como ocurre con el análisis de la situación, aquí depende mucho de las circunstancias personales de cada uno. Algunos trabajarán, otros no; algunos podrán seguir practicando sus aficiones, otros descubrirán de nuevas; incluso reforzarán lazos con sus familias.

En cualquier caso, te toca marcar como objetivos aquellas actividades en las que puedas invertir tu tiempo, te hagan sentir bien y que requieran un esfuerzo, es decir, que consigas identificarlas como un reto a superar.

Quizás tengas un armario por ordenar, un videojuego por superar o un libro por leer. Son pequeños objetivos que pueden alargarse de uno a cinco días con facilidad. Esto permitirá que crees un hábito que sólo dependa de ti, sin necesidad de salir de casa, configurando tu mente para que no pienses en cuándo acabará todo esto (al menos más de lo que deberías).

Puede que seas más ambicioso y tengas muchas ideas, quieras comenzar un proyecto y hayas encontrado en esta situación el momento oportuno. En este caso, lo mejor es que este enorme proyecto lo dividas en subobjetivos, permitiendo así dividirlo en metas más factibles para identificarlas y detallarlas mejor.

El comienzo del cambio en la vida de confinamiento de Antonio

Por eso, Antonio se puso serio y cogió papel y boli. Lo primero que fue, una vez analizada su situación, es establecer qué quería conseguir durante el confinamiento. Primero pensó en que no quería sentirse tan mal, aunque no era un objetivo bastante fácil de definir. Para lograrlo, identificó que sentimientos quería tener y cómo podría conseguirlos.

Antonio entonces apuntó que tenía que volver a hacer ejercicio, que quería mantener su escultural físico de oficinista que hace zumba de 18.00 a 20.00. También que, pese a que su gato Mofletones le ignoraba, también se estaba poniendo un poco fondón. Así que tocaba que bajase de peso. Siguió pensando y descubrió que tenía tres libros a medio leer y un intento de novela romántica que murió antes de nacer.

Decidido, Antonio desgranó sus objetivos:

 

  • Mantener su peso y forma física.
  • Hacer que Mofletones bajase tres kilitos.
  • Acabar de leer los libros.
  • Escribir la novela romántica “Antonio y los besos nunca dados”.

 

No estaba nada mal para comenzar. Primero, tenía dos objetivos que eran un reto a medio plazo, otro que requería interacción social y con alto riesgo de rasguños; y los últimos dos desarrollarían su parte creativa. 

Plan de acción, el mapa estratégico

Una vez has decidido tu objetivo, ya sea en singular o plural, sólo te quedan dos pasos: establecer aquello que tienes que realizar para conseguir lograrlo. Algo que parece tan fácil a veces no lo es, ya que seguro que tienes muchos ejemplos en la vida que han requerido de más esfuerzo de lo que te hubieses imaginado.

Por eso, antes de lanzarte a lo loco y con toda la motivación en conseguir tu meta, sigue reflexionando:

  • ¿Qué elementos materiales necesito para cumplirla?
  • ¿Que pasos exactos debo realizar para conseguir el objetivo?
  • ¿Debo desarrollar alguna habilidad? ¿Cuáles?
  • ¿Qué tiempo voy a destinar cada día?
  • ¿Cuál es la mejor actitud o comportamiento para este objetivo?

A través de estas preguntas descubrirás mucho antes de ponerte a trabajar de todo lo que debes tener en cuenta. Así, por ejemplo, podrás conseguir todos los materiales que necesitas sin darte cuenta a medio proceso, o marcarte unas horas del día concretas para trabajar en tu objetivo.

Aunque lo más importante es detallar los pasos exactos, es decir, todo el proceso que tienes que seguir desde el momento en que te pongas a trabajar hasta conseguir la meta. Que los pasos siempre respondan el cuándo y el cómo

Porque una escalera se ve mucho menos dura de escalón en escalón que mirándola directamente hacia arriba.

Escríbelo en un papel, móntate un excel o organízalo como prefieras, ya que sacar todo este plan de acción de tu cabeza y plasmarlo en un medio material te facilitará muchísimo el seguimiento posterior. Además de detectar posibles aspectos a mejorar, claro.

Preparándolo todo para el éxito

Una vez tuvo los objetivos, comenzó a sentirse motivado. Y es que vio como su aburrida rutina de confinamiento iba a cambiar con rapidez. Por lo que comenzó a planificar cómo iba a conseguir cada uno de sus objetivos.

En el de hacer ejercicio, decidió que cada día, de 10.00 a 11.00, se pondría a ello. Para conseguirlo, cogió diferentes elementos domésticos para hacer de pesas, encontró rutinas de ejercicios para hacer en casa, decidiendo cuál haría cada día durante una semana, y lo dejó todo preparado. 

Con lo de adelgazar a Mofletones lo tenía más complicado, ya que le encantaba comer. La ventaja es que ahora él estaba todo el día en casa, por lo que podía racionalizar la comida tres veces al día. También estableció que jugaría al menos dos veces al día, antes de cada comida, con Mofletones.

Lo de acabarse los libros se lo marcó para la noche, así se obligaría a no ver series hasta las tantas de la noche. Se acostaría a una hora decente, sobre las 23.00, y destinaría una horita a leer.

Por último, lo de la acabar su novela. Era quizás lo que más le costaba, por lo que primero valoró qué hora del día estaba más inspirado para escribir. Una vez encontrada, organizó la escaleta de su novela y todos sus recursos literarios para lograr distribuirse la faena de forma razonable. 

Ponerse manos a la obra

La parte más dura para unos, la más fácil para otros. Todo depende de la motivación y el entusiasmo que estés poniendo en conseguir tu objetivo. Si te lo has planteado, al menos tendrás un mínimo de ganas ¿No?

Pues eso, comienza paso por paso, aquellos que te has marcado el plan estratégico. Quizás los primeros días te cueste más, llegues a distraerte e incluso tengas que sustituir estas horas del día por realizar otra actividad.

No pasa nada, no desesperes, tú continúa luchando. Los hábitos y rutinas tardan en aparecer, por lo que los primeros días vas a tener que ser muy constante para conseguir marcarlas. 

Lo importante aquí es que tú te sientas cómodo, que no sientas que estás obligado a hacer algo que no te apetece. Vamos, que sabes que tienes que hacerlo, pero también puedes tener días más desanimados o que no te apetezca.

Así que no dudes en modificar tu plan de acción para adaptarlo a una rutina que te sea más fácil seguir. Lo importante es que no te desanimes y lo dejes.

Puesta en marcha

Aunque los primero días le costaron, ya que tenía sueño y su cuerpo no se estaba acostumbrando demasiado bien a tener una rutina diaria, Antonio fue cada vez siendo más productivo en el esfuerzo que realizaba.

Desentumeció sus músculos, pasó más tiempo de calidad con Mofletones (aunque no le gustase eso de no poder comer cuando le apeteciera) y comenzó a dormir mejor al destinar una hora de lectura en vez de una de series. 

Al principio tiró mucho la motivación, pero a medida que pasaban los días vio cómo disminuyó un poco. Pero ya se estaba acostumbrando, estableciendo estos hábitos. Aquellos días que más le costaba, añadía ligeros cambios para hacerlo todo más ameno, por ejemplo.

En cuanto pasaron dos semanas, Antonio se sentía muchísimo mejor, tanto en lo físico como en lo mental. Su gato adelgazó tras horas de juego, comenzó otro libro tras acabar los otros tres y su creatividad fluyó más de lo que nunca hubiese imaginado, avanzando enormemente su novela.

Antonio volvía a sentirse feliz, con energía y muy positivo. Los nuevos hábitos y cambios que había realizado durante su confinamiento le estaban funcionando de maravilla, estando tan agusto con ellos que los continuaría una vez finalizado.

 

Así que sed como Antonio, queridos lectores. Luchad por mantener vuestra felicidad y ánimos bien altos, planificad vuestro día a día y lograd esas pequeñas metas que te ayudarán a seguir levantándote todas las mañanas con ganas de comerte el mundo. Aunque ahora estés encerrado en cuatro paredes.

Gracias por vuestro tiempo.